Cangrejo ermitaño (Paguroidea)

Los ermitaños viven, como los caracoles, con la casita a cuestas. Su abdomen es tan blando y flexible que puede enroscarse en el interior de una concha vacía, la cual se convierte inmediatamente en su nuevo hogar y su armadura. Según el animal va creciendo, irá mudándose a conchas cada vez más grandes.

La mudanza es complicada. Para salir de su vieja vivienda, el ermitaño se hincha de agua hasta casi el 70% de su tamaño, reventando las paredes de la concha. La nueva residencia ha de estar cerca y lista para recibir a su nuevo inquilino, ya que en esos momentos de tránsito el cangrejo es una presa muy vulnerable.
Una vez instalado, el ermitaño puede montarse un lujoso sistema de protección, escogiendo conchas con anémonas incrustadas. Aparte del maravilloso efecto decorativo, la anémona urticante ayuda a disuadir a posibles depredadores.
Atención: Aunque muchas conchas parezcan vacías, seguro que la mayoría tienen un pequeño inquilino dentro.

 

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