Delfín mular común (Tursiops truncatus)

Podríamos pasarnos horas, días, meses, hablando de delfines y ballenas. De hecho, podríamos incluso montar otro blog que se llame «El rincón del Cetáceo», y escribir sólo sobre estos fascinantes animales.
 Sin embargo, esta página web no es más que una humilde guía de identificación para buzos curiosos, por lo que vamos a limitarnos a establecer unas claves que nos permitan reconocer a nuestros compañeros de sangre caliente. Y vamos a empezar con un clásico de nuestras costas, el archiconocidísimo Tursiops truncatus: el Delfín mular común.

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El mular es el prototipo de delfín por excelencia. Cuerpo robusto, de entre 3/4 metros de longitud, con un pico corto y recio que le ha valido el sobrenombre de «Nariz de botella»  y un pliegue muy marcado en su rostro que sube hasta la frente. Las aletas también son características: grandes, amplias y falciformes, es decir, con forma de hoz o medialuna.
Otra manera fácil de reconocer a los mulares es por su color. Algunos dirán «Muy fácil, los delfines mulares son grises». Pues no, listos. Son grises contrasombreados. Esto quiere decir que son más oscuros por arriba y más claros por abajo. Por lo tanto, los mulares presentarán una primera capa oscura que le llega de la frente hasta detrás de la aleta dorsal, una segunda sobrecapa más clara que cubre los costados, y una tercera capa blancuzca, color hueso o incluso rosada en la barriga. El resultado es un bello difuminado que tiende a oscurecerse en ojos y aletas… ¿Veis como no son «grises»?
El mular es una especie cosmopolita y ocupa gran variedad de hábitats al ser el cetáceo más adaptable. Sus correrías abarcan desde el Pacífico al Atlántico, pasando por nuestro Mediterráneo y evitando las aguas frías del Ártico y el Antártico. Se mueven a una velocidad de hasta 35 km/h y en vainas de hasta 12 individuos.
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Atención: Los delfines que viven en alta mar suelen ser más grandes y oscuros… unos tíos duros, vaya. Los costeros son menos oscuros y más curiosos, siempre dispuestos a cotillear y a hacer carreras en la proa de los barcos hasta que se aburren y se largan, dejando a los humanos con el brazo estirado diciendo «Noooo, adonde vais…»