Velero (Velella velella)

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Como diría el mítico Perales….¡un velero llamado libertad! Y es que el velero o velella es el más libre de todos los cnidarios. Lejos de los fondos rocosos donde se aferran anémonas y gorgonias, la velella despliega su vela y echa todo el trapo arriba, como dice la marinería, para surcar el océano a la vieja usanza: empujada por el viento.

Mucha gente se cree que la velella es una medusa (¿cosa redonda y transparente con tentáculos que flota de aquí para allá? ¡Está claro, medusa!), pero en realidad se trata de una colonia de hydrozoos bien avenidos, cuyos pólipos especializados trabajan en equipo por el bien común. Esta alegre cuadrilla está adherida a un disco cartilaginoso de bellísimo color turquesa o azul profundo, con apariencia de piedra preciosa. Sobre él se despliega, como en los navíos y goletas, una vela rígida y cartilaginosa de forma triangular encargada de coger el viento y mover a la velella por la superficie del océano. Bajo el disco turquesa se encuentran los tentáculos urticantes, rodeando y defendiendo una de las partes claves para el funcionamiento de la comuna: el pólipo nutricional. Vamos, lo que viene siendo la boca del velero.

Esta comunidad de hydrozoos tan especial vive en un sitio único: ni en el aire ni en el mar sino en medio de los dos, en la interfase entre la atmósfera y el océano. Al grupo de criaturas  que habita esta frontera se la denomina “Pleuston”, que suena a especie de otro planeta.

En ocasiones la vida aventurera del velero tiene un final abupto. Y es que ir “adonde te lleva el viento” puede sonarnos bonito y hasta romántico, pero ¿qué pasa cuando el viento te lleva a donde no quieres? ¿Por ejemplo… hacia la playa? Son muy frecuentes los varamientos masivos de veleros en las costas, y cada cierto número de años las arenas se asfaltan de globitos azules y turquesa que ya no navegarán más.

Atención: es habitual confundir al lindo velerito, cuyo veneno es inocuo para el ser humano (siempre y cuando no lo toques y luego te rasques el ojo, o algun acto inteligente de ese tipo) con la mortífera Carabela Portuguesa, que cual villana de los mares copa las portadas de nuestros periódicos verano si, verano no. Ambas pertenecen al extraño pueblo “pleustónico hydrozoo”, pero el velero, al igual que su homónimo náutico, es ligero, pequeño y elegante… mientras que la carabela, al igual que aquellos navíos del siglo XV y XVI, es poderosa y viene armada hasta los dientes. ¡Pero de esta temperamental criatura hablaremos en otra ocasión!

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