Pez luna (Mola mola)

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Grande, blanco y redondo como la luna llena, este inmenso pez óseo (el más grande del mundo, con 1.000 kilos en la balanza) es uno de los más queridos entre los buceadores. Y eso que guapo, lo que se dice guapo, tampoco es.
El pez luna o es un pez pelágico que recibe su nombre de la palabra latina mola (rueda de molino o rueda de amolar). Y la verdad es que el nombre le sienta muy bien: es circular y aplastado, tiene una longitud media de 1,8 metros y un peso medio de una tonelada, aunque hay registros de ejemplares de hasta 3 m de longitud y hasta 2.300 kg de peso. Una auténtica apisonadora submarina.
El mola mola no sólo es grande, también es raro: no tiene aleta caudal como la mayoría de los peces sino un remate redondeado llamado clavus, y sus aletas pectorales son minúsculas. Sin embargo, para compensar, posee dos enormes, magníficas aletetazas dorsal y anal que se abren como aspas de molino con una envergadura desplegada de casi 3 metros.

Mola mola (nombre científico) / Ictioterm.es

¿Y cómo nada un bicho que no tiene aleta caudal? Pues a falta de pan, buenas son tortas: meneando con mucho arte esas dos aspas como si fueran remos. Remando con parsimonia suele subir el pez luna hasta la superficie, asomando su enorme dorsal (¡Un tiburón! Puede gritar algún despistao) para dedicarse a hacer lo que más le gusta: tomar el sol espanzurrado horizontalmente sobre las olas. Por ese motivo muchos de los avistamientos de peces luna se realizan desde barco o superficie. ¿Y qué hace allí, aparte de ver pasar las horas (y las olas)? Pues para empezar se carga de «luz solar», muy necesaria para manetener el cuerpo a una temperatura saludable en las profundidades por las que suele andar este gigante. También aprovecha para ofercerse como «buffet libre» para todo bicho limpiador (ya sea pez o gaviota) que quiera servirse.

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Los peces luna son plateados como su homónima celeste, y están cubiertos de manchas irregulares al igual que nuestro satélite lo está de cráteres. La coloración suele ser más oscura, casi marrón en la parte dorsal, y se va aclarando en la parte ventral… aunque ojo, porque ese tío es capaz de cambiar sutilmente de color: la piel, que contiene grandes cantidades de colágeno, se oscurece cuando el animal vislumbra peligro.
Y hablando de la piel… por regla general, todos los buceadores respetan (o deberían respetar) ese viejo mantra submarino que dice: «No toques. ¿Pa qué tocas?«. Pero en este caso debemos insistir en la cuestión. La piel del pez luna no está compuesta por lindas escamas sino por dentículos y mucosidad, y además es  un auténtico Festival de Parásitos. Pasárselos a un ser humano es una opción perfectamente válida para un pez luna, y menos laboriosa que ponerse a saltar fuera del agua para que la fricción del salto y la caída les limpien un poco. Además la piel del clavus es áspera como el papel de lija, por si queréis rascaros después.
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/f/ff/Molalavdj.jpg
¿Alguna vez habíais visto un alevín de pez luna? ¡Pues aquí le tenéis! *Awwwww*
Atención: Al mola mola todo el mundo le conoce como pez luna… menos los ingleses, a los que les encanta ir al revés que todo el mundo, y por eso le han llamado sunfish (pez sol) . Y luego están los polacos y los alemanes, que con su proverbial pragmatismo le han bautizado respectivamente como samogłów («sólo cabeza») y schwimmender kopf («cabeza que nada»).

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